dimanche 24 octobre 2010

Arrinconado escuchaba atento como las palabras salían suaves de sus labios y se clababan con furia en mi cabeza.
Me sabía todas y cada una de las canciones que había cantado en aquel pequeño local. Era una artista, un talento que la sociedad no sabía apreciar, una mujer a la que la vida no le había dejado mostrar su don divino a la gente que sabía escuchar.
Se tenía que conformar malgastando su potente voz en unos inútiles fracasados que ahogaban sus penas en los licores baratos que aquel sitio ofrecía y que ni siquiera reparaban en su presencia hasta que llenaban de alcohol sus venas.

6 commentaires:

  1. Jo, ¡artista tú!
    El dibujo lo he hecho yo, pero este está foto, jaja.
    Y mil gracias (LLLL)

    (A mí me da vergüenza bailar en público.)

    PD: Mañana leo tu texto, que llevo todo el tiempo haciendo logotipos y se me caen los ojos.

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  2. Que bonito el texto. Hay mucha gente con un gran talento que no pueden encontrar un hueco en el campo donde realmente pueden truinfar y aportar algo al mundo. El dinero mueve demasiadas cosas y hay exceso de gente que no merece estar en lo más alto. Nada está donde debe estar porque nada es justo.

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  3. mientras ella se escuche, ¿qué más da lo que hagan los demás?


    (sonrisa
    con hoyuelo)

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  4. Debería entonces ser escuchada por gente que sí lo hiciera :)

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  5. La lluvia tiene un poder extraordinario.

    (Igual a la chica de tu texto le agrada cantar ahí, aunque él tenga ganas de hacerle un hueco en su corazón para que le cante cada noche.)

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  6. todo eso por sentirse valorado unos simples minutos..

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