samedi 8 janvier 2011

Hoy piensa en aquellos años en los que se despertaba ilusionada y corría hasta la puerta de entrada para recibir a su padre. Recuerda como tras quitarse el sombrero le daba un beso y la mandaba de nuevo a dormir, pero ella insistía en quedarse a escuchar todos los misterios que había descubierto. Si escuchaba atenta le obsequiaba con un regalo ¡Un auténtico tesoro! Cuando viajaba por Francia o Rusia le traía siempre, entreo otras cosas, un magnífico libro nuevo que devoraba en una semana como máximo. Solía decirle que algún día la llevaría con él para que ella también descubriese esos mundos y ella se pasaba días enteros soñando con ese momento.

Algunos domingos todavía echa de menos el café recién hecho y las notas en su mesa. A veces, incluso se le escapa alguna lágrima cuando ve el sombrero del fondo de su armario y cuando recuerda la promesa que quedó pendiente.
Feliz año a todos :)