samedi 12 février 2011

El misterioso país de las lágrimas

No he podido evitar sentir ese cariño hacia ti. Quizá sea por tu gran sonrisa, por tu mirada o porque me recuerdas inevitablemente desde la primera vez que te he visto a mi libro preferido; "El Principito". No es que me recuerdes a ninguno de los personajes, sino al propio libro. Me recuerdas a todas esas miradas cómplices con mi padre por las mañanas; esos momentos en los que, sin necesidad de cruzar ni una palabra, sabíamos que ambos estábamos pensando en las páginas que la noche anterior habíamos leido juntos.

Cuando comenzaron las pesadillas el médico me recomendó leerlo de nuevo. Intenté explicarle que no era lo mismo, que lo necesitaba a él; su voz suave, sus manos pasando las hojas, sus sonrisas, sus bromas... Quise decirle que después de leer algún fragmento había deseado romper el libro y me había odiado por ello... pero me conformé con negar con la cabeza cuando preguntó.

He recuperado el libro del sótano, lo traigo conmigo. Son las doce horas veinte minutos. Te espero en el banco en el que sueles sentarte por las mañanas. Sigo confiando en que aparecerás cuando el reloj marque hora capicúa, sino es así, me marcho. Tienes que estar al llegar, nunca fallas a tu horario. Además, estoy segura de que algo en ti está diciéndote que vengas sin saber que encontrarás; segurísima.
Te espero, el reloj sigue avanzando. No me falles.